**Esto no es un juego, es una película**
Una teología imaginativa y un presupuesto más alto de lo habitual hacen que la cuarta película de Kevin Smith (CHASING AMY, CLERKS) sea una especie de fantasía postcatólica que solo un apasionado de los cómics de su calibre podría concebir.
La historia presenta a Loki (Matt Damon) y Bartleby (Ben Affleck), dos ángeles desterrados que, tras pasar algunos milenios en Wisconsin, descubren una falla en la doctrina católica que les permite regresar al paraíso, pero demostrando así la falibilidad de Dios y destruyendo el universo.
Mientras se dirigen a Nueva Jersey para recibir una indulgencia plenaria, Dios envía a un serafín (Alan Rickman) a reclutar a Bethany (Linda Fiorentino), una católica no practicante, para detener a los ángeles.
Ella recibe ayuda de las musas, los profetas (Jay y Silent Bob) y el decimotercer apóstol olvidado, Rufus (Chris Rock). Rápidamente, se desata el caos (en el sentido literal), y Dios (Alanis Morissette) debe intervenir.
La controvertida (y muy divertida) película de Smith se sostiene en sus diálogos característicos, llenos de observaciones sobre la cultura pop, la religión y las funciones corporales.